viernes, 19 de julio de 2013

Vistas contemporáneas

He visto cosas que nunca creeríais. He visto cosas que nunca hubiese creído ver hace unos años, y no demasiados.

He visto a antiguos camareros de bares de mi barrio rebuscando en la basura algo que echarse a la boca. He visto a madres pidiendo algún mendrugo en la panadería de al lado. He visto a parados y paradas de más de 50 años depender de la caridad familiar para poder comer más allá del día 15 de cada mes.

He visto a más de 1, de 5 y de 10 universitarios que a mitad de sus estudios no pueden continuarlos por no tener beca. Ni dinero para poder vivir fuera del pueblo, ni para pagar sus exámenes.

En medio de todo esto, también, he visto a un joven de 18 años que, en su chalet, maldecía su suerte porque por culpa de la crisis al llegar a la mayoría de edad sus padres no le comprarían el coche que él quiere.

He visto a una señora que tenía una tienda de comestibles sentada en la esquina de la calle Gondomar de Córdoba, y me temo que no por demencia senil.

He visto a gente pidiendo  cajas de leche en grupos de consumo colaborativo, y de igual forma, he visto a miembros de la más modesta clase obrera desgañitarse por conseguir un iphone.
He visto que todas estas cosas se ven por millares.

Y espero que todo esto no se pierda como lágrimas en la lluvia. Porque todas estas cosas que he visto son reales.



domingo, 7 de abril de 2013

Borges



Borges se asomó al eje de aquel aleph falso y contempló todo lo que le miraba desde ese lado. Vio a escritores, filólogos y batallones de lectores estrechando sus obras. Vio de nuevo a Beatriz Viterbo y al argentino odioso, que eran ahora personajes de mil caras creados por la crítica. Vio su propio rostro, cientos de veces, en numerosos volúmenes de biblioteca mucho más consultados que los de la Miguel Cané, en fotos íntimas, casi intrusivas, de su vida y de su infancia, de su ceguera senil y de sus infortunios amorosos.

Recorrió los escenarios que él engendró, recordando con prodigiosa memoria el paisaje y la historia de Tlön Uqbar, miró frente a frente a sus hijos inmortales de ciudades perdidas y sureñas. Vio una audiencia entusiasmada que proclamaba su arte mientras él no se encontraba en aquel esmoquin, vio cómo su corazón dejaba de latir y reposaba en su pecho, vio la congoja de su alrededor y a una docena de tigres que le miraban impasible.

Me vio a mí, soñando con él, manejando sus artificios y admirándole con dolor. Vio todo esto y sonrió discretamente, porque después de veintisiete años observando desde el otro lado del aleph comprendió que nadie lo había vuelto a hacer como él.

Elena V. Cordón

martes, 12 de marzo de 2013

Cuento de la doncella contagiosa




La música de cámara nos embelesaba 
En las noches de esta corte distraída
Burbuja de esplendor imposible
Nuestra realidad era ya sepia
Antes de los libros de historia  
Antes de que tú te disfrazaras

La carne tenía un brillo especial
En los salones de nuestro tirano y señor
De cristales sin grietas
La peste era un ariete invisible
Nuestra fortaleza muy delicada para ella
Demasiado doradas nuestras copas

Esos brocados tejidos con honor
Bordados con la sangre de otros pueblos
No transmitían ninguna plaga 
Nuestros tapices no acogían bacterias
En esta asepsia aristocrática
El blanco seguía siendo blanco

El vino encendía pieles rosadas
Que a veces amorataban alguna fusta 
La discreción palaciega mandaba
Sobre males y sobre alcobas
No había manchas en nuestros paños
Las ratas hablaban en  francés.

El oro brillaba con osadía 
Despreocupado por el exterior
Las afueras empobrecidas y pestilentes
Quedaban muy lejos de nuestros doseles
Nuestra crueldad seguía impoluta
Nuestros hímenes remendados  

Los bufones arrancaban jirones de risa
Derretían su dignidad en la alfombra
El pueblo enfermo sufría el escarnio
De nuestras carcajadas reales
Ningún diente estaba roto  
Ninguna encía se ajaba

Los ventanales no transparentaban miseria
No había vela sin ornamento
Aunque el norte ya se había asolado
En nuestra tórrida corte soleada  
Las doncellas perfumaban su escote
Para los olfatos más adinerados

Y entonces llegó esa virgen rubia
De dialecto incomprensible y frío
Sus maneras también heladas  
Pero sus descortesías más cálidas
Entró por la puerta de atrás
Y nos sacó a todos por delante

Uno tras otro en la misma mortaja
En la misma muerte bacteriana 
Que al fin traspasó las barreras nobles
Y se encargó de igualarnos a todos.

Elena V. Cordón

lunes, 31 de diciembre de 2012

El Hobbit: Un viaje inesperado.


Lo primero que piensa uno antes de ver la película de El Hobbit, al enterarse de que de ese librito de 300 páginas van a producir casi 9 horas de metraje en tres películas, es que por algún (o varios) lados se han de (re)llenar minutos de pantalla. La historia en papel, en su origen un cuento de hadas sin grandes pretensiones épicas, no da para tanto. Es precisamente en esa falta de pretensión en lo que difiere de la película de Jackson, que desea convertir una simpática historia de aventuras en un equivalente cinematográfico a la trilogía de El Señor de los Anillos.

Sin embargo, sin ser la más fiel de las adaptaciones, mantiene en muchos aspectos este espíritu simpático y aventurero del libro, especialmente en escenas como la llegada de los Enanos a casa de Bilbo o en la recreación del incidente de los tres trolls. La película ha sido tildada por muchos como infantil, pretendiendo la ofensa, pero sin que esto debiera serlo tratando el libro que trata (consideremos entonces El Señor de los anillos como una obra más "madura" o juvenil al menos). Es cierto que en algunos momentos roza lo naïve, como en el excesivamente alargado encuentro con los trasgos o en el penoso retrato que nos ofrece de Radagast el Pardo, un personaje que inspiraba cierto respeto hasta el estreno de El Hobbit: Un viaje inesperado.

Para contrarrestar con estas zambullidas en el público más joven, la película nos ofrece, al menos dos grandes momentos: uno es la introducción con la historia de Erebor, épica y elegante, y otro es el que corresponde al capítulo Riddles in the Dark del libro (Acertijos en la oscuridad en las ediciones en español), muy fielmente trasladado al celuloide. También todo lo relativo a dirección artística es irreprochable: decorados, vestuario, caracterización. Es precisamente la escenografía lo que más reconforta a los espectadores que añoraban los estrenos de hace ya casi una década y lo que nos devuelve a la prometida Tierra Media que ya conocíamos.

Como ya hemos dicho , el peso de la trilogía de ESDLA es muy grande, y la sombra de algunos personajes, muy alargada. Eso explica que nos encontremos a un Thorin que parece querer heredar el trono de Gondor (el recuerdo de Viggo Aragorn es muy fuerte) o que haya momentos en los que esperamos oír de Bilbo pedir ayuda a Sam.

 Martin Freeman sale airoso de su interpretación pese a la imagen descafeinada que muchos teníamos de él antes de verlo en acción y los Enanos son por lo general fidedignos a lo que Tolkien nos explicaba, a excepción de Kili, Bofur... y quizás el propio Thorin, transformado en un semi-galán por exigencias hollywoodienses, imaginamos. (Pinchad aquí para ver a Richard Armitage al natural... ¿os parece salido de una mina?)

Las licencias de Peter Jackson en favor de algunos públicos son a veces justificadas y a veces un arma de doble filo. Sólo por mencionar una hablaré de la aparición de Saruman. Siempre es de agradecer ver en pantalla a Sir Christopher Lee, más aún cuando el Lord tiene 90 añazos y el tiempo apremia, pero, de entre las dos frases que tiene su papel ¿había que hacerle decir que" Radagast está así porque toma muchas setas"?. No voy a hacer aquí una lista de todos esos agregados a la historia original de Tolkien, pero también se debe comprender que una adaptación no tiene porqué ser un calco, mientras se mantenga el espíritu de la obra que adapta, traslada, viola o crucifica. 

Para cerrar este balance sólo me queda recomendaros encarecidamente la banda sonora de Howard Shore y el indiscutible tema principal de Neil Finn, the Song of the Lonely Mountain. Ah, y una pena que en los cines de España se haya doblado a los Enanos cantando. Esta versión tendréis que disfrutarla en los créditos.


miércoles, 3 de octubre de 2012

Jam Session

El pasado viernes 28 de Septiembre, Dinamopoética, la sección más joven de Cosmopoética terminó su ciclo de actividades en una Jam Session multidisciplinar de literatura, música y pintura. La idea fue de los chicos de Ohjass Sueltas y el objetivo del acto consistía en captar el momento de la creación sin trampa ni cartón, con las meteduras de pata expuestas al público sin ningún filtro.

Tuve la suerte de participar en la Jam Session como escritora, acompañada musicalmente por un trío de cuerda que lo hizo muy bien. Normalmente cuando voy a un acto de este tipo me aburro la mayor parte del tiempo, porque soy una rancia y todo lo que no es de mi estilo no me suele gustar, pero en este ocasión estuve entretenida toda la noche y se me pasaron las dos horas volando. Así que tuvo que estar bien hecho.

Cuando me dijeron de participar dije que sí sin dudar, y después estuve varios días pensado "Muy pronto he dicho que sí" Pero me apetecía la experiencia de la improvisación con testigos, pese a que escribo en el ordenador con la misma soltura que una octogenaria sin pulgares y todo lo que iba anotando en mi documento de Word se proyectaba en una pantalla. Llegué allí sin ninguna idea preparada y durante quince minutos desarrollé la primera que se me vino a la cabeza, que no sé muy bien cuál es aún. Os dejo aquí el texto que parió mi mente durante la actuacion, tal y como se escribió en el momento, sin ningún cambio.




Hasta 3 veces
Vas a negar mi nombre



Esta noche,
Porque estás derramando sangre
Y no tinta
Porque te has puesto una montura sin cristales
Y no te has ido a beber al río

Porque has tiroteado a Garcilaso
Y encumbrado a los otros
Los otros
Los que hasta 3 veces
Van a negar mi nombre

Los mismos que se van a morder la lengua
Con sus letras
Con los violines
Con las chicas que venían desde el conservatorio

Con esta escritura
Y esta idea bíblica
Que sale delante de gente que no conozco
Propios y ajenos
Que no sé
No juraría tampoco
Que no negarán mi nombre

Habrá quien piense
En el congreso
Y decía Wilde
PEDIRLE SOBRIEDAD AL POBRE
ES INSENSATO

La poesía, decían
Después del Holocausto
No tenía razón de ser
No eran tiempos de poesía

Y por sufrirlo en tu carne
Y en tus huesos
Crees
Ingenuo
Crees que tus tiempos
Son los peores

Te ha tocado vivir la sangre
Y el hambre del vecino
Del vecino y de tu madre
¿Por qué no?

Sin embargo
No escribo sobre iphones ni instagram
Y por eso
Negarás mi nombre

Cuando el nicho de tu abuela
Ni siquiera esté en tu ciudad
Y el tsunami
La tormenta tropical
O lo que te toque
Lo haya borrado

Recordarás.

Recordarás a Apple
Recordarás a Steve Jobs
Recordarás que desde luego
Escribías mucho mejor que yo en el pc
Pero sobre todo
Recordarás

A los muertos que no escuchaste
Recordarás leer Crepúsculo y no El quijote
Recordarás decir que te encanta la poesía
Y tener faltas al escribir en el Iphone

Con suerte
Dependiendo de tu fortuna en la niñez
Recordarás a aquel
Del que negaron su nombre
Y OJO
NO ES QUE YO SEA SU SEGUIDORA

Pero en el invierno de tu vida
Con las lentes rotas
Y los libros no-electrónicos perdidos
Recordarás lo que no hiciste

Y recordarás lo que negaste
Y quizás no mi nombre
Pero si otros que ignoraste

Y sin ánimo
Ni ánima
De enseñar a nadie
Será otra esquela la que portes
Ni en papel  ni en tinta digital

Pero en la cena
En el cenit
De tu cultura
De tu patrimonio sentimental
Cuando niegues a los demás
Verás las cenizas
De lo que perdiste

Y no podrás negar mi nombre
Ni el de nadie

FIN

Elena V. Cordón

 

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Esa puta vieja

Normalmente, nuestro primer encuentro con la Celestina -de producirse- se produce en el aula de secundaria o bachillerato. Suele pasar que el acercamiento del profesor de turno hace de todo menos acercar a los púberes efervescentes a la obra. Por otra parte, es muy normal que zascandiles de 15 años se queden al borde del coma cuando les dicen que:  se van a leer la historia de una "alcahueta" del año 1499 que entre otras lindezas "remenda virgos" y ensalza a los "cristianos viejos" de "clarasangre".

Si nos enfrentamos al texto más tarde es muy difícil no dejarse atrapar por la personalidad de esa bruja vieja y sabia, y del tinglado que monta a su alrededor para su propio bien y en ocasiones, el de los demás, siempre como una causa más que secundaria. Le sobra soltura y pasotismo para soltar frases como "Tu madre era tan puta como yo" y como Madame de sus mujerzuelas Elicia y Areúsa no duda en comerciar con la carne ajena de las que también puede llamar "sus hijas".

Estando en muy buena posición para opinar y aconsejar, cada intervención de Celestina incluye alguna frase memorable. Totalmente manipuladora y sibilina, maneja el cotarro de moral medieval relajada y alegre con la superioridad de la que ya ha hecho de su capa un sayo. Pobres en su mayoría los españoles de la época, como pasa cinco siglos  después, ante la falta de lujos o simplemente de buen vivir, sólo queda holgar y pasarlo lo mejor posible en este "valle de lágrimas". Ya lo dijo también Oscar Wilde un día : "Pedirle sobriedad al pobre es grotesco e insultante a la vez. Es como decir que coma poco al que se muere de hambre".

Os dejo con el conjuro de Celestina del acto III:

Conjúrote, Triste Plutón, señor de la profundidad infernal, emperador de la Corte dañada, capitán soberbio de los condenados ángeles, señor de los sulfúreos fuegos, que los hirvientes étnicos montes manan, gobernador y veedor de los tormentos y atormentadores de las pecadoras ánimas, regidor de las Tres Furias, Tesífone, Megera y Aleto, administrador de todas las cosas negras del río de Estigia y Dite, con todas sus lagunas y sombras infernales, y litigioso Caos, mantenedor de las volantes harpías, con toda la otra compañía de espantables y pavorosas hidras. Yo, Celestina, tu más conocida clientúla, te conjuro por la virtud y fuerza de estas bermejas letras; por la sangre de aquella nocturna ave con que están escritas, por la gravedad de aquestos nombres y signos que en este papel se contienen ; por la áspera ponzoña de las víboras de que este aceite fue hecho, con el cual unto este hilado.

Imagen: La alcahueta, de Vermeer.

miércoles, 18 de julio de 2012

Sons of Anarchy



Sons of Anarchy es , para los completamente neófitos, una serie de la Fox (lo que explica la castidad de sus desnudos) que ya ha acabado su cuarta temporada y estrenará quinta en septiembre. No desvelo ningún secreto importante de la trama en estas líneas.

Sons of Anarchy trata la cotidianidad, si es que puede llamarse así, de un Club de moteros de California. Su modus vivendi incluye el tráfico de armas (en principio), la difícil convivencia con otras bandas de ocupaciones similares y todo tipo de líos de faldas. En definitiva, que, sobre todo en la primera temporada, al espectador le da la sensación de que hacen de todo menos montar en moto, y hasta se nos olvidaría esta condición suya de bikers de no ser porque van continuamente uniformados con el chaleco del Club.

Hay expertos devoradores de series, yo no soy uno de ellos. Sin embargo, pasado el trance inicial de los primeros capítulos y roto el hielo con los personajes, después de aceptar la sarta de americanadas y tópicos de género de la serie , se sigue con fluidez. Con los moteros de Sons of Anarchy, salvando las distancias, nos pasa un poco como con los Corleone, que nuestro foro interno moralista nos dice que no habría que quererlos pues matan, torturan y son criminales con todas las letras pero, sin embargo, les tenemos cariño.

Una de los principales defectos de la serie es la elección de Jax Teller como protagonista, personaje bastante descafeinado y hasta díficil de aguantar en muchos momentos, empezando por esa tara congénita que parece impedirle andar como un humano normal. No obstante, esta elección dudosa facilita al elenco de secundarios un moderado lucimiento que siempre nos deja con ganas de más. Entre los miembros de un  reparto más o menos desconocido se encuentran Ron Perlman ( visto en Hellboy o Enemigo a las puertas) o Katey Sagal, que da vida a la Matriarca del Club y se hizo muy popular en Estados Unidos gracias a otra serie, Matrimonio con hijos.

Cabe también destacar a Kim Coates (en la foto)  en el papel de Tig, el más enfermizo y atractivo de los Sons. Su rostro es familiar para aquellos que retienen a los secundarios con personalidad, y ha participado en películas como  Black Hawk derribado o Pearl Harbor, pero tiene la mayoría de sus tablas en la TV (CSI, Prison Break, Smallville). Parece ser que es con Sons of Anarchy cuando le ha llegado la popularidad, a sus 53 años -muy bien llevados- y tras casi tres décadas de carrera.

Sons of Anarchy está catalogada como drama, aunque en muchos momentos se acerca más al thriller que a cualquier otro género e incluso tiene algunas pinceladas de comedia. Eso sí, a medida que va avanzando la trama la tensión va in crescendo y suele resultar en que el último episodio de cada temporada te remite sudoroso y preocupado al primero de la siguiente. No he seguido la serie al día, sino que la he visto del tirón y creo que debe de ser toda una prueba de resistencia hacerlo a capítulo por semana.

Es en estos momentos dramáticos donde Sons of Anarchy juega su mejor baza y se quita de el disfraz de mero entretenimiento para ponerse el traje de serie a tener en cuenta. Cuenta con apariciones memorables, como el pequeño papel estelar de Stephen King (además curiosamente, pocos episodios después Piney aparece leyendo un libro del autor) o la inclusión de Danny Trejo en el reparto durante buena parte de la cuarta temporada. Resumiendo, una buena apuesta para el verano si tenéis tiempo de sentaros durante 53 capítulos.